Keith Richards dormía apaciblemente en un hotel de Florida en medio de la tercera gira americana de los Stones. Aún no eran una gran banda de rock, les faltaba un gran éxito para superar el escalón final hacia el estrellato.
No sabemos a ciencia cierta que cenó Keith aquella noche. Puede que acompañara su menú con una cerveza, un agua mineral o quien sabe si alguna sustancia ilegal a los ojos de la ley federal. Lo cierto es que tuvo un sueño. Una melodía daba vueltas en su sonmolienta cabecita. Tuvo la feliz idea de levantarse y entre bostezo y bostezo grabarla en una cassette. Había nacido el quizás más famoso riff de toda la historia del rock. Mick Jagger le añadió la letra pensando en fustraciones juveniles y a partir de aqui todo es historia, los Rolling Stones subieron al Olimpo del Rock y nosotros los pobres muñones mortales nos conformamos con tocar la canción de la insatisfacción para intentar parecernos a ellos.
Recuerdo lo bien que combinaba la canción en la banda sonora de la película Apolypse Now, mientras el protagonista remonta un río en Vietnam a bordo de una barcaza y los soldados tienen un momento de evasión haciendo el cabra mientras suena el tema. Inolvidable.